miércoles, 10 de enero de 2018

“APROVECHEN PARA DORMIR”, DECÍAN



El 22 de diciembre del 2017 llegó a nuestras vidas Benjamín Pulido Calderón. 3.140 gramos de pura fuerza y 51 centímetros de alegría irrumpieron galopantes a las 6:13 a.m. de ese inolvidable día. Mi esposa, valiente, perseverante y guapa, se comportó como toda una experta, a pesar de ser nuestra inauguración en la carrera de la paternidad.
Reconozco que no lloré en la sala de partos. Aunque tuve el privilegio de estar en el recibimiento de Benji (y, gracias a Dios, no me desmayé en el proceso), no fue ese el momento que me sacó lágrimas. Se lo atribuyo a la adrenalina del ambiente.
Nuestras familias estuvieron con nosotros todo el día. Las enfermeras y médicos entraban intempestivamente a la habitación para monitorear que todo estuviera en orden. Pero todo frenó cuando las visitas tuvieron que irse y nos dieron espacio para descansar. Tomé a mi hijo en los brazos y, como había hecho cuando lo tuve por primera vez, oré por él. Pero era una oración extraña. Hablaba con Dios, pero también hablaba con Benji, pero en otro momento me decía a mí mismo: “Miguel, eres papá”.
Ahí lloré.
Me sentí incapaz… no en el mal sentido, sino tratando de ser realista. Dios, en su infinita sabiduría, me había asignado a mí, un tipo tan imperfecto e inexperto, el cuidado de la vida del pequeño ser humano que tenía en mis manos. Abrí mis ojos a la gracia que significa ser padre. No se trata de estar preparados para emprender una tarea, sino que la misma tarea te va preparando.
Traté de recordar consejos que nos dieron a lo largo de los nueve meses. Porque hay muchos, ¿no cierto? Incluso las personas que te dicen no recibas consejos ¡te están dando un consejo! Curiosamente, vino a mi mente uno que nos reiteraron en distintos escenarios: “aprovechen para dormir”.
A pesar de que el sueño no es acumulativo ni se pueden hacer reservas para el futuro, estas palabras surgían con cierta regularidad en las conversaciones. Unas personas lo decían en tono de burla, otros como recordando que la vida iba a dar un vuelco total, otros evidenciando que entrábamos en otra etapa del camino.
Pero hubo varios que pintaban el cuadro con la idea que ya la vida no se iba a disfrutar igual. Son esa misma clase de personas que todo el tiempo te quieren lanzar a un lugar distinto al que te encuentras en este momento. Si está soltero, te preguntan que para cuándo la novia; si está de novio, que para cuando se casan; si estás casado, que para cuando los hijos; si tienes el primer hijo, que toca apurarse para el segundo. Seguro los conoces. Te hacen creer que la plenitud de la vida está en la habitación contigua, solo para darte cuenta, cuando la abres, que quizás esté en la siguiente. Creen que la felicidad está a una decisión más de distancia.
¿Sentirse cómodo en la inconformidad?
¡Qué tragedia!
Claro, es válido, tener planes, anhelos y proyectos, pero la línea entre el progreso y el descontento es bastante delgada. Al pensar que la felicidad está más adelante, podemos, en el proceso, perdernos la felicidad que puede traer este momento, este instante, con sus alegrías y tristezas, con sus claros y oscuros, con sus trasnochadas y cambiadas de pañales, con los llantos inesperados y las sonrisas no planeadas.
Nos podemos perder la belleza que tiene el no dormir bien.
Porque es hermoso que Dios te invite a ser parte del proceso de la formación de una vida.
Siempre me llamó la atención el verso del Salmo 118:24:
Este es el día que el SEÑOR ha hecho;
regocijémonos y alegrémonos en él.
Este.
Sin condiciones, sin prescripciones, sin definir si es un día lluvioso o soleado, sin establecer si toca pagar cuentas o recibir pagos, sin saber si tendrás salud o si alguien cuidará de ti. Este día…así nunca más volvamos a dormir como antes.
Cuando reconozcamos que cada día es sagrado, encontraremos la alegría que este esconde.


©MiguelPulido

1 comentario:

Carlos Esteban Cuervo dijo...

Felicitaciones Miguel que alegría ser padre, se que Dios te está enseñando grandes cosas y te las enseñará con la paternidad.