sábado, 23 de julio de 2016

No todo lo que está en la Biblia está bien

(Reflexiones sobre la violencia en la Biblia-Parte II)


A propósito de las incesantes olas de violencia que estamos experimentando en nuestro país y el mundo, pensé compartir una serie de reflexiones al respecto durante las próximas semanas. Como cristianos, tenemos que aceptar que la Biblia tiene escenas de violencia que son difíciles de interpretar. No pretendo dar una respuesta completa ni la solución última a esta realidad, pero creo que es necesario reflexionar sobre este tema, ya que de allí, estoy convencido, podremos asumir la violencia desde nuevas perspectivas. Así que aquí va la segunda parte: "No todo lo que está en la Biblia está bien".
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El triunfo había sido apoteósico. Ciudades enteras fueron sometidas militarmente en tierras cananeas. De un momento a otro, los amonitas habían pasado de gobernadores a gobernados. Encabezados por Jefté, los israelitas los habían derrotado.
Pero antes de que comenzara esta marcha triunfal, con la adrenalina bombeándole las sienes y la ansiedad inyectándose en su corazón, Jefté hizo una promesa extraña: ofrecería a Dios en holocausto (sacrificio de adoración)  a la primera persona que saliera a su encuentro cuando volvieran a casa (Jueces 11:30-31).
Sin embargo, Dios permaneció en silencio.
Su mano se vio, pero su voz no se escuchó.
El discurso divino es el gran ausente del escenario.
Jefté regresó a su casa, con el pecho inflado por la victoria y la promesa fresca en su mente. A medida que los paisajes se hicieron familiares, Jefté atinó a mirar hacia su pueblo. Una difusa silueta iba tomando forma mientras que sus pasos se acercaban. El ruido de las festivas panderetas hacía confusa la escena.
Ni las peores pesadillas de Jefté pudieron pronosticar lo que vería: el rostro de su hija. Según su promesa, la tendría que sacrificar. Como la joven quería respaldar la promesa de su padre, pidió un período de tiempo para lamentarse, compartir con sus amigas y esperar que llegara el día. Transcurrieron dos meses.
Y cuando la hija de Jefté regresó, fue sacrificada.
¿Por qué ocurren cosas así?
¿De dónde sacó Jefté semejante idea tan cruel y desgarradora?
¿Por qué esta historia está consignada en la Biblia?
En la Torá encontramos estipulaciones sobre sacrificios y holocaustos de animales, no de personas. Una de las particularidades de Israel con relación a los pueblos que lo rodeaban es que no sacrificaba personas. De hecho, esa clase de comportamientos eran considerados abominables delante de Dios. Eso es completamente claro en la Ley.
Así que el silencio de Dios en esta historia es sumamente elocuente. Ya él había dejado estipulado su visión al respecto. Jefté tuvo dos meses para recapacitar. Pero su teología era equivocada, y eso lo llevó a acciones equivocadas. Su distorsionada visión de Dios arruinó su mundo.
El problema, obviamente, estaba en Jefté, no en Dios.
Pero solemos culpar a Dios con mucha facilidad por esta clase de escenas.
Nos encanta echar la responsabilidad sobre los hombros de otros.
Si algo nos enseña esta historia de violencia, aunque esté consignada en la Biblia, es que Dios no respalda todas las acciones que allí se narran. Sí, están en la Biblia, pero no están bien. La advertencia de esta visión del mundo es que los seres humanos podemos usar el nombre de Dios como una excusa para perpetuar la maldad de nuestro propio corazón.
No todo lo que suene religioso tiene el visto bueno del Cielo.
Hace poco escuché la historia de un "pastor" que le decía a sus feligreses más jóvenes que debían tener relaciones sexuales con él porque Dios se lo había dicho. ¡Qué asco! Semejante acto de violencia, denigración, maldad y desenfreno, teniendo como supuesto respaldo al Creador del Universo. Los seres humanos tenemos discursos estilizados que justifican nuestra propia suciedad y el deseo de multiplicarla. Siempre existirá la tentación de usar el nombre de Dios para esparcir más dolor por este mundo.
Muchos no confían en Dios porque hubo otros que, en el camino, usaron Su nombre en vano, para hacerles daños indescriptibles, para perpetuar formas sofisticadas de violencia.
Si es tu caso, por favor recuerda que no todo lo que está en la Biblia está bien.
Hay personas que usan el nombre de Dios para ir en contra de Dios.

©MiguelPulido


viernes, 15 de julio de 2016

SU VIOLENCIA, NUESTRA HIPOCRESÍA



A propósito de las incesantes olas de violencia que estamos experimentando en nuestro país y el mundo, pensé compartir una serie de reflexiones al respecto durante las próximas semanas. Como cristianos, tenemos que aceptar que la Biblia tiene escenas de violencia que son difíciles de interpretar. No pretendo dar una respuesta completa ni la solución última a esta realidad, pero creo que es necesario reflexionar sobre este tema, ya que de allí, estoy convencido, podremos asumir la violencia desde nuevas perspectivas. Así que aquí va la primera parte: "su violencia, nuestra hipocresía".
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En Jueces 4:21 encontramos la siguiente escena:
...(Jael) tomó una estaca de la carpa y un martillo, y con todo el sigilo se acercó a Sísara(...). Entonces ella le clavó la estaca en la sien y se la atravesó, hasta clavarla en la tierra.
¿Qué hacemos con esa descripción?
¿Por qué se presentan detalles macabros, oscuros e incluso morbosos?
¿Por qué una escena tan cruda está consignada en la historia del pueblo de Dios?
Normalmente, cuando leemos esta clase de escenas en la Biblia (y créeme que hay varias), nos escandalizamos y hacemos una mueca de disgusto. Eso está muy bien. Algo estaría mal en nosotros si estas escenas no tocarán nuestras fibras y movilizaran nuestra conciencia.
Algunos señalan esta clase de escenas y dicen: "¡Vean! La Biblia es retrógrada, salvaje, escrita por personas primitivas que aceptaban la violencia. Nosotros estamos adelante en la historia humana, por eso la rechazamos". Probablemente, ese sería un resumen del pensamiento que tú mismo puedes tener. Con esta posición quiero dialogar en este escrito.
Seguramente, nunca en tu vida has pensado tomar una estaca e introducirla en las sienes de alguien. Semejante idea te repugna. No podrías concebir que una línea de tu vida tuviera esa descripción. Es natural que no quieras experimentar ni infringir esa forma de violencia.
Sin embargo, en ese preciso momento tenemos que detenernos.
Porque si miras por estos días las noticias, verás descripciones muy similares a las que encontramos en la Biblia. Ayer, sin ir tan lejos, un hombre usó un camión como un arma, arrollando y destrozando a 84 personas en Niza, Francia. Quizás pensemos que la violencia es primitiva, que ya la hemos superado, pero esa clase de actos nos recuerdan que es una realidad anclada al corazón humano.
No es un problema cronológico, es una enfermedad del alma.
Claro, son unos pocos desadaptados que se comportan así, pero si reconocemos que la violencia es un problema del corazón, cuando somos objetivos y honestos, reconocemos que podemos abrazar otras formas de violencia.
Aprobamos que se desmembren cruelmente a fetos, bebés en formación, e incluso es legalmente aceptado, porque " la mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo". ¿Es esa suficiente justificación para perpetuar este holocausto posmoderno de infantes?
Si miras la marquilla de la ropa que está en tu armario o que llevas puesta, probablemente fue hecha en China; de ser así, seguramente una persona esclavizada en un barco que viaja por el Pacífico la hizo, mientras era sometida a horas interminables de trabajo, bajo condiciones inhumanas. ¿Dejarías de comprar cierto tipo de ropa ahora que sabes esto?
El 20% de la población mundial consume el 86% de los recursos. El planeta produce para sostenernos a todos, pero nuestra avaricia hace que la riqueza se concentre en unos pocos. Es muy fácil echarle la culpa a Dios por tanto sufrimiento, pero difícil sacrificar nuestra comodidad por el bien de otros. ¿Por qué permites el sufrimiento?
Juzgamos a las culturas que peleaban con palos y espadas, pero nuestra generación ha inventado bombas con la capacidad de destruir y desolar ciudades completas. Las historias de Hiroshima y Nagasaki no ocurrieron en la época de los jueces.
Nunca antes se habían tenido reportes tan elevados de jóvenes que han sido abusados, acosados o violados en algún momento de su vida.
La industria pornográfica, basada en la denigración del ser humano, en la que muchos reconocen que son sometidos a drogas y actos denigrantes, es multimillonaria, sostenida por miles y miles de personas en todo el mundo que cada segundo visitan sus páginas.
La violencia tiene múltiples manifestaciones.
Y nosotros nos sentimos cómodos con algunas de ellas.
Siempre será más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Condenamos la violencia en Biblia con una mano, mientras que con la otra firmamos leyes que violentan a la humanidad sutilmente. Al juzgar su violencia mientras aprobamos la nuestra, revelamos la incongruencia de nuestro corazón.
Su violencia, nuestra hipocresía.
Quizás un primer paso para entender mejor este tema es dejar de señalar y empezar a reconocer que no somos mejores que ellos.
Lo que pasa es que encontramos otras maneras de hacer el mal. 


©MiguelPulido