jueves, 31 de octubre de 2013

#HLAParaDaniela

Para Daniela Checa Fernández

Tengo una nueva amiga. Se llama Daniela. Está alrededor de los 20 años. Vive en el extremo norte del continente americano.
Es una luchadora.
Daniela se fue a realizar sus estudios universitarios al Canadá antes de que mi esposa y yo llegáramos a ser pastores de los jóvenes que crecieron con ella. La quieren bastante. Por eso no fue extraño escuchar acerca de ella en las conversaciones. Aunque nunca habíamos hablado, no era una completa extraña.
Hace unos meses a Daniela le diagnosticaron una pre-leucemia. Obviamente, me enteré por los chicos de la iglesia que eran sus amigos. Oramos para que los exámenes salieran bien y los tratamientos surtieran efecto. Pensaba que era una cuestión de la que iba a salir rápido una jovencita.
Pero no fue así.
Ha tomado más tiempo de lo esperado.
Así fue como hace un par de semanas le escribí a Daniela diciéndole que, aunque no la conocía personalmente, podía ver que era una persona increíble. ¿Por qué? Por un principio de vida: los testimonios de la gente con la que estuviste son tu mejor carta de presentación. Y todos hablaban bien de ella. Decían que era una guerrera. Incluso montaron un video que lo evidenció. Si ella no lo dijera, sería difícil creer que está haciéndole frente a la enfermedad.
No sé si por coincidencia, casualidad, causalidad o providencia divina, el día en que le escribí la entrevistaron en una de las cadenas radiales más respetadas del país. Los periodistas estaban anonadados ante la entereza, firmeza y esperanza que transmitía. Explicó con mucha calma que necesita un trasplante de médula que tiene que cumplir con unas características de compatibilidad básicamente perfectas (la característica específica que debe tener el donante de médula se denomina HLA). Sólo una persona en un millón podría darle su médula. Y, para colmo de males, en Colombia, su país de origen, no existe la posibilidad de hacerse la prueba de compatibilidad.
Estadísticas en contra.
Esa extraña sensación de estar remando contra la corriente.
¿Qué se puede hacer ante ese panorama?
Obviamente, hacer una etiqueta en Twitter:
#HLAParaDaniela
Como no tengo muchos seguidores, acudí a Facebook para explicar lo que pretendía hacer: generar un tema para que la información, eventualmente, llegara a cualquier rincón del mundo. Compartí la idea junto con un video y la grabación de la entrevista de Daniela.
Sentía que me comía el mundo. Estaba inspirado. Creía que mi aporte podía llegar adonde estaba soñando. Pensé que en unos cuantos minutos tendría decenas de comentarios en el video con gente animada por esa iniciativa.
Sin embargo, pasaron los minutos.
Y nada.
Hasta que recibí un comentario en el video. Lo cito textualmente (con la ortografía tal y como la mandaron): “jummm un poco inutiul (inútil) si no se puede en Colombia”.
Me desanimó.
Porque sí, parece inútil mostrar un video de donación en un país donde no se puede donar. Sí, parece inútil que video posteado por un pastor de jóvenes en Colombia llegue a otra parte del planeta donde alguien, por la gracia de Dios, escoja hacerse una prueba para ayudar a otra persona. Sí, parece inútil creer que la difusión de información sea medianamente comparable a lo verdaderamente importante: donar médula para Daniela.
Entonces, pensé en Jesús.
En una escena del evangelio, Jesús está frente a una multitud hambrienta. Miles de personas lo ha escuchado por horas y el estómago está recordándoles que existe. Mandarlos a casa sería peligroso. Alimentarlos costaría millones. ¿Qué se puede hacer?
Dice el evangelio de Juan que un niño tenía 5 panes y 2 pescados. ¡Inútil! Con eso no se podía llenar ni una muela de la mitad de los discípulos. ¿El almuerzo de un niño para alimentar una multitud? ¡Por favor! Los discípulos le recordaron a Jesús lo obvio, lo lógico, las estadísticas, lo fuerte de la corriente: de nada sirve algo tan pequeño para lograr algo tan grande.
Pero a Jesús no le preocupa lo obvio.
Las estadísticas no lo asustan.
Disfruta caminar sobre aguas turbulentas.
Le encanta usar lo que parece inútil.
No sabemos cómo se multiplicaron esos 5 panes y 2 pescados. Juan no nos da una explicación detallada de si la levadura creció o si la composición física de los pescados se transformó. Pero sí sabemos una cosa: fue suficiente para todos. Lo que parecía un simple grano de arena en el árido mar de los imposibles terminó siendo un precioso milagro en las manos de la gracia.
La palabra “inútil” significa que no puede ser usado, que no sirve. Así que puedo estar tranquilo, tal y como el niño que llevó sus panes y peces ante el Señor. Que las cosas salieran bien no dependían de él, sino de Jesús.
Porque en las manos de Jesús nada es inútil.
Ningún grano de arena es demasiado pequeño en las tiernas manos del Maestro.
Ningún esfuerzo por ayudar a otro es insignificante.

Hace unos días hablé con Daniela por primera vez. Charlamos como si nos conociéramos de hace rato. Teníamos esa sensación de ser amigos de tiempo atrás, aunque solo habíamos cruzado unas pocas palabras. Me contó que todavía no han encontrado el donante, pero sigue animada. Me dijo también que en Europa algunas personas se habían enterado por las redes sociales de lo que estaba pasando, se hicieron la prueba y están esperando los resultados.
Me esperanzó escuchar que al otro lado del planeta alguien tenía información por una simple etiqueta o un grupo de Facebook. Entonces, no pareció tan inútil. Jesús usa lo sencillo para sorprender a los que dudan. Sí, es poco; nadie dijo que no. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que eso poco está en las mejores manos que puede estar. No es la cantidad de los elementos, sino la clase de manos en las que están.
Así que cuando termines de leer este post y escribas tu próximo tweet con #HLAParaDaniela no pienses que es inútil.
A Jesús no le importa esa palabra.


©MiguelPulido 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Miley Cirus Y Un Problema De Crítica Textual


Lo que la mayoría conoce: la historia.
Una mujer es encontrada en el mismo acto del adulterio. ¿Dónde está el hombre? No sabemos. Los líderes religiosos sólo arrastran a la dama hasta los pies de Jesús, pidiéndole que les dé el visto bueno para arrancar gentuza así de la comunidad. Una simple indicación y las piedras comenzarían a volar en dirección de la pecadora. Rápido. Contundente. Legal.
Sin embargo, Jesús envía una perla que nadie esperaba: “el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Los acusadores se miraron sorprendidos, extrañados y descubiertos. Nadie cumplía esos requisitos. Las piedras empezaron a caer y los acusadores se dispersaron. Sólo quedaron Jesús y la mujer.
Ante la situación, Jesús le dice a la mujer una frase que sigue retumbando después de los siglos: “Ni yo te condeno. Vete y no peques más”.
Lo que la mayoría desconoce: el problema de crítica textual.
La crítica textual es una ciencia que estudia los textos antiguos para determinar, por medio de la comparación, cuál podría ser el texto más fiel al original. Como del Nuevo Testamento tenemos distintas copias, el trabajo del crítico textual es compararlos e ir viendo si hay algunas adiciones o cambios a lo largo del tiempo. Para esta ciencia, los manuscritos más antiguos tienen una mayor credibilidad, ya que son más cercanos a los eventos narrados[1].
Ahora, este es un asunto trascendente cuando estudiamos la historia de la mujer encontrada en el acto del adulterio. Según la crítica textual, esta historia no aparece en los manuscritos más antiguos. No es el del todo imposible que haya ocurrido, pero, por alguna razón, no se conservó en las copias más antiguas del evangelio de Juan. Reapareció en la historia después de unos siglos.
¿Por qué?
¿Por qué esta historia desapareció por unos siglos?
Aunque en este punto sólo nos enfrentamos a conjeturas, una de las propuestas que más me llamó la atención la leí hace algunos meses. Sostenía que algunos copistas consideraban esta historia como algo indigno del Señor. Por eso algunos la dejaron de lado o la pusieron como una nota al pie de la página en el evangelio. No querían dañar la reputación de Jesús.
Confieso que, en principio, esta propuesta me chocó. Porque la iglesia siempre ha sido un lugar de gracia. Somos personas que dan de gracia lo que han recibido de gracia. Nuestro sello característico como pueblo de Dios es que hemos sido amados inmerecidamente. A lo largo de los siglos hemos sido el pueblo que destila el amor de Dios. ¿No?
No me parecía lógica esa idea.
Hasta hace unas semanas.
El espectáculo de Miley Cirus en los premios MTV fue uno de los temas más comentados en las redes sociales. Sus movimientos evidentemente eróticos y de alto contenido sexual distorsionó por completo la imagen que muchos tenían de la inocente estrella adolescente al estilo Disney. Fue más que evidente que Hannah Montana era sencillamente un recuerdo. Y, para ponerle la cereza al postre, a los pocos días sale el video de su canción Wrecking Ball, el cual muchos catalogaron para mayores de 18 años por su fuerte contenido sexual.
Al mirar las redes sociales, me di cuenta de lo que esas apariciones generaron en el corazón de muchos cristianos. Aunque, según ellos, nunca la habían escuchado, salieron a condenar todo lo que esta chica estaba haciendo. No les interesó nunca su carrera…hasta ese momento. Cuestionaban su moralidad, su ética, su identidad. Algunos usaban palabras como “asco”, “repugnancia”, “fornicación” e “instrumento de Satanás”.
Entonces, pensé en el problema de crítica textual.
Creo que el problema no es tanto si la historia está en los manuscritos más antiguos o no; el problema es que la historia sigue ocurriendo. Ante una situación que cuestiona nuestra moralidad, seguimos tomando las piedras para apedrear a la pecadora. En esta ocasión, su nombre fue Miley Cirus, pero hubiera podido ser Andrea, Camila, Felipe, Juan o Pedro. Nos sentimos con la autoridad de lanzar a otra persona a los pies de Jesús para ver él que hace ante semejante acto tan bochornoso.
Así que pensé en una nueva posibilidad. Quizás la cuestión no es que este tipo de historia denigran el carácter de Jesús o rebajan su persona. Lo que este tipo de historias hacen es reflejar nuestra propia religiosidad.
Somos muy buenos tomando las piedras.
Pero Jesús no.
Recuerden que la frase inicial de Jesús fue: “el que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.
Piensen en eso.
En ese lugar había alguien que podía lanzar la piedra: Jesús. Él estaba libre de pecado. Su santidad absoluta lo capacitaba para fulminar a aquella pecadora. Pero no lo hizo. De hecho, no lo hace. Jesús eligió darnos gracia cuando merecíamos juicio. Y eso siempre ha sido incómodo para los religiosos. Porque a ellos siempre les ha encantado tirar piedras.
A veces me gusta imaginar qué pasaría si Jesús se encontrará con Miley Cirus, o si leyera todo lo que se escribió sobre ella en las redes sociales, o si viera sus sugestivos videos, o si comparara la niña que era con la jovencita que es ahora. Pero ahí me doy cuenta que no es muy difícil de imaginar. Jesús conoce a Miley Cirus. La conoce tal y como me conoce a mí en mis peores días. La conoce tal y como conoce a los religiosos que lanzan sus piedras virtuales a todo el que atente contra un código moral que, seamos honestos, ni siquiera ellos cumplen al cien por ciento. La conoce tal y como te conoce a ti.
Y aún así escoge no condenarla.
Me alegra saber que Jesús ama a Miley Cirus.



[1] Por supuesto, es una ciencia bastante compleja. Se comparan palabras, letras, repeticiones, asuntos sintácticos, detalles lingüísticos, entre otros. Aquí sólo estoy tratando de explicar la esencia para que tengan una idea general de lo que se trata.