sábado, 6 de octubre de 2012

Sobre La Navidad Y El Halloween


Estoy seguro que Jesús nació. Dios irrumpió en la historia por medio de un nacimiento, una natividad, una navidad. Creo firmemente que lo hizo en un pesebre de Belén, durante la época que se realizó el censo romano cerca del primer siglo. Su madre fue una virgen llamada María, quien concibió a su primer hijo por la obra del Espíritu Santo. Estoy convencido que recordar este hecho es más que un mero ritual; tiene un elemento poderoso que nos conecta con las raíces del la fe cristiana.
Lo que no creo es que este hecho haya ocurrido un 25 de diciembre.
Los historiadores sugieren que es probable que el nacimiento de Jesús se haya dado entre marzo y mayo, no en diciembre. Si se comparan las fechas del censo que cita Lucas con los registros históricos, las conclusiones sugieren que debió se en esa época.
Además, si leen con detenimiento el evangelio de Lucas, se darán cuenta que los reyes magos no llegaron al pesebre, sino que llegaron a una casa. Es probable que hayan transcurrido un par de años en su travesía hasta Belén. Y eso explica porqué Herodes mandó a matar a todos los menores de dos años y no sólo a los recién nacidos.
Sin embargo, sé que eso va en contra de las creencias populares, las cuales están basadas en un tremendo sincretismo originado desde los tiempos de Constantino, emperador de Roma. Constantino era un genio político que descubrió que lo más sabio que podía hacer era darles un ambiente seguros a los cristianos en lugar de perseguirlos. Los seguidores del Mesías se estaban proliferando como una plaga y los métodos bélicos no parecían surtir efecto; al contrario, los fortalecían. Por eso se le ocurrió la idea de declarar el cristianismo como la religión del Imperio.
Por supuesto, esto implicó una fuerte reacción por parte de los paganos.
¿Cómo iban a adorar a sus dioses?
¿Por qué tenían que seguir de un momento a otro las ideas de los detestables cristianos?
¿Cómo solucionaría el emperador esta cuestión?
Respuesta: con sincretismo.
A Constantino se le ocurrió una grandiosa idea. Como en diferentes lugares del Imperio habían imágenes de dioses y ahora el cristianismo era la religión oficial (y ellos no adorarían esos dioses), entonces fusionó las ideas. Tomó las estatuas de los dioses paganos y les puso nombres relacionados con la historia cristiana: Pedro, Juan, María, etc. Así, los paganos adorarían a sus dioses de siempre y los cristianos se sentirían respaldados por el emperador.
La idea también incluyó algunas costumbres, dentro de las cuáles se encontraba la celebración de la Navidad. En el solsticio de invierno (25 de diciembre) se celebraba el nacimiento del dios Sol. Sus rituales implicaban invocaciones y adoraciones de distinta índole. Era una celebración que incluía comida, licor, desinhibición y desenfreno, algo totalmente retrógrado para nuestra época posmoderna. Al emperador se le ocurrió asociar este rito con un evento significativo de la fe cristiana. Así que decidió equipararlo al nacimiento de Jesús. 
Ahora, seamos cuidadosos. Esto no niega en ningún momento el nacimiento del Salvador. Desde siempre, los cristianos han tenido este como uno de los eventos más magníficos de la fe. Los evangelios así lo demuestran. Los credos así lo rectifican. Sin embargo, la celebración de la Navidad, como la conocemos hoy, tiene un origen en un rito pagano.
Sencillamente, es una celebración al dios Sol con un nombre cristiano.
Algo similar ha ocurrido con el Halloween, pero en medios sin un trasfondo cristiano. El Halloween tiene su origen dentro de las religiones oscuras de los celtas y los druidas. Estas personas tenían una fecha especial en la que celebran a los muertos (entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre). Sus rituales implicaban invocaciones y adoraciones de distinta índole. Era una celebración que incluía comida, licor, desinhibición y desenfreno, algo totalmente retrógrado para nuestra época posmoderna. Sin embargo, hoy en día se le ha puesto el matiz de “fiesta de los niños”, en las que los chicos se disfrazan y piden algunos dulces.
Les cuento: algunos celebran el Halloween por lo que es: una fiesta para los muertos.
Y también les cuento: algunos celebran el 25 de diciembre por lo que es: una fiesta al dios Sol.
Entonces ¿qué hacemos como cristianos?
Ahora que estamos cercanos al 31 de octubre vuelven a circular todos los folletos que condenan la celebración del Halloween por su trasfondo pagano. Pero no hacemos eso con la Navidad. No tenemos folletos para esa fecha. Aunque también tiene un trasfondo paganos, hemos logrado equiparar la Navidad a nuestra fe. La conexión es más obvio.
Sin embargo, así caemos en la doble moral: medimos con diferente medidas según nuestra conveniencia. Condenamos el Halloween, pero celebramos la Navidad. ¿Con qué autoridad lo hacemos si el argumento para descalificar la primera no es el mismo para medir la segunda?
Creo que hemos tomado el camino fácil.
Lo más fácil es legislar las cosas a nuestro antojo. Pensamos que lo más bíblico es condenar el Halloween porque hace más explícito su relación con los demonios. Pero no nos pronunciamos con tanta fuerza acerca de las borracheras y bacanales que se dan “celebrando el nacimiento del niño Jesús”. Es triste decirlo, pero recuerdo que cuando más veces vi borracho a mi abuelo fue en la celebración de la Navidad. ¿Así celebramos a Jesús? ¿Celebramos a Jesús esclavizándonos a aquello de lo que nos vino a liberar?
Ser radicales según la conveniencia es hipocresía.
Sin embargo, Pablo trató el tema de las celebraciones paganas en Romanos 14. Los cristianos se estaban enfrentando a un entorno que sacrificaba los alimentos a los dioses. ¿Debían comer eso? ¿Qué le dirían a un hermano que come esos alimentos, haciéndose parte de ese ritual a los dioses?
En respuesta, Pablo apeló a la conciencia de los creyentes, que estaba afectada por la obra del Espíritu Santo. El trabajo de ellos no era juzgar, sino respetar a cada hermano. Cada quien debía rendir cuentas de su comportamiento a Dios. Si uno se abstenía o participaba, era cuestión suya con Dios.
Porque el trabajo de ellos no era legislar, sino amar.
No debían destruir su comunidad por cosas secundarias.
Total, ¿qué era un dios comparado con Cristo? Nada.
Y así cierra su argumento, con el cual cierro esta reflexión:
Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo. Si algo es impuro, lo es solamente para quien así lo considera. Ahora bien, si tu hermano se angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor. No destruyas, por causa de la comida, al hermano por quien Cristo murió. En una palabra, no den lugar a que se hable mal del bien que ustedes practican, porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo. El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por sus semejantes.
(Romanos 14:13-18)