jueves, 26 de julio de 2012

Del Porqué Una Presentadora Me Hizo Pensar En Algo Mucho Más Grande



Soy uno de los que más critica el programa “Protagonistas De Nuestra Tele”. Me parece que es un reencauche infinito que no cumple nunca con su propósito. Desde su mismo nombre es un engaño. Este reality nunca ha creado un protagonista. Ninguno de los ganadores, seamos honestos, ha sido un buen actor o actriz. Además, el siempre hermoso físico de los participantes que llegan a la casa-estudio levanta, al menos, una pregunta: ¿será que el concurso está organizado desde antes y nos hacen creer que todo lo define el público? Es decir, ¿nos estarán engañando?
Por estas y muchas otras razones critico el programa.
Pero lo veo.
Aunque la mayoría de veces que estoy frente al programa estoy leyendo o haciendo algo más, reconozco que este reality me ha llamado la atención. Podría decir que es una mera curiosidad socio-antropológica lo que me lleva a verlo, pero creo que lo que me impulsa es el morbo que me caracteriza como ser humano. Porque si el programa fuera medianamente interesante y buscara talento actoral, entonces el centro serían las clases, las pruebas actorales y los esfuerzos académicos de los participantes. De hecho, uno podría interesarse en “Protagonista de Nuestra Tele” sin haber visto nada del talento de ellos. Porque lo que más llama la atención, que explota el morbo, lo que le da rating al programa es la convivencia.
A diferencia de otros programas que buscan talento, este da el ingrediente de ver cómo conviven los participantes. Y es esta convivencia la que más comentarios ha levantado en los últimos días, tanto en las redes sociales como en el canal que transmite el programa. Porque ha habido conflictos muy fuertes entre los habitantes de la casa-estudio. Cada noche se escuchan insultos, se observan malas actitudes, se presencian dardos de odio que salen de unos hacia otros.
Hay mucho maltrato verbal.
Lo cual entretiene.
Nos encanta ver cómo la sangre hierve en ese lugar. Echa una mirada a las redes sociales para ver cómo nos encanta decirle a una muchacha gorda que es una marrana, o a un muchacho con serios problemas de identidad que es una “loca” o un “marica”, o a una chica con un tic que es una tuerta. Además, nos captura que los ánimos se caldeen, que se traten mal entre ellos. Nos gusta que vayan a su límite. “Qué se golpeen, que se golpeen” clamamos en lo íntimo de nuestro ser. Pero cuando alguien lo hace, le caemos encima. Eso es doble moral: juzgar con dos medidas distintas.    
Y la que me hizo caer en cuenta de esto fue la presentadora del programa.
El día que Elianis le jaló el pelo a Oscar, la presentadora entró a la casa-estudio. Con una cara solemne y grave citó a todos los participantes a la sala de televisión. Les mostró las imágenes de lo sucedido. Siguió con su rostro serio. Y les dio la noticia que la participante debía abandonar el programa por sus acciones.
Lágrimas. Gritos. Protestas. Una despedida dramática, por decir lo menos. No sé cuántos minutos pasaron entre el anuncio y la salida de Elianis. Pero pareció una eternidad.
Después, la presentadora volvió a sentar a los participantes. Seguía seria. Les quería dar una lección a esos muchachitos inconscientes para que no repitieran semejante acto vandálico. Así que les dio un discurso sobre principios. Con voz de una mamá regañando a sus polluelos les dijo que era ilógico que a un país como Colombia le sumaran una carga más de violencia, más aún cuando todos los ojos estaban puestos sobre ellos (claro que aquí fue bastante exagerada). Entonces, les dijo los siguiente:
“¿Ese es el ejemplo? ¿Eso es lo que quieren que Colombia vea de ustedes?…no es justo. estamos en un programa para entretenernos…bajo ningún motivo podemos aceptar este tipo de agresiones”
Durante todas las semanas que ha durado el reality hemos sido testigos de una sarta de agresiones verbales. Cada día vemos cómo los participantes se están perfeccionando en el arte de no dejarse ofender. Lo interesante es que piensan que eso se logra siendo más ofensivo con el otro. No dejarse es igual a lastimar al otro de la misma manera que me ha lastimado. En palabras de la presentadora, eso es “entretenimiento”. Hasta que no se golpearon, estos muchachos estaban entreteniendo a un país. Después de que se golpearon, fueron calificados como seres violentos que no merecen ser el ejemplo a seguir de nadie. Porque, según las reglas del concurso, ellos pueden decirse todo lo que se les ocurra sin golpearse.
Es ahí donde difiero considerablemente de la apreciación de las personas que ponen las reglas del programa, la cual se evidenció en el discurso de la presentadora. Porque eso muestra una tremenda doble moral. Es doble moral castigar la violencia física y hacer entretenimiento con la verbal. Es doble moral expulsar a alguien que jaló el pelo de otra persona, pero aceptar que estos muchachos se lastimen de formas mucho más creativas y profundas que simples puños. Es doble moral censurar los golpes físicos y no hacer nada por los daños del alma.
Porque, aceptémoslo, las heridas más dolorosas no las hace un golpe.
Una persona puede lastimarnos para siempre sin ni siquiera tocarnos.
¿No es cierto que esa jovencita a la que llaman “marrana” está dolida aunque nadie le ha tocado un pelo?
¿Cómo se siente el chico al que le dicen “loca”?
¿Será que están heridos?


El discurso de esa presentadora me hizo pensar en algo mucho más grande, mucho más grave y mucho más preocupante:
A la violencia contra el alma le hemos puesto un título: entretenimiento.