jueves, 3 de junio de 2010

Casarse Antes Del Matrimonio


Un día tuvimos una reunión en la que decidí preguntar a mis adolescentes sobre qué temáticas querían tratar. Obviamente, salió a relucir el tema del porqué llegar vírgenes al matrimonio. Lo que me impresionó fue la forma como ellos plantearon el asunto:

“No queremos que la respuesta sea ‘porque la Biblia lo dice’; eso ya lo sabemos. Queremos saber por qué la Biblia lo dice”.

No me pareció una oferta de pequeños herejes, sino de creyentes que quieren ahondar en su fe.

Cuando mis respuestas se limitan a “porque la Biblia lo dice”, en realidad me quedó muy lejos de descubrir el fondo del asunto. Creo que la Biblia es autoridad, por lo tanto debo recorrer el camino necesario para comprenderla. Dios no dice las cosas porque sí; las dice porque son así. Por ejemplo, Dios no dice que el adulterio es malo para el ser humano porque un día, mientras recorría el Universo, se le ocurrió la grandiosa idea de imponerle a sus criaturas ese mandato. ¡No! Dios no hace o dice las cosas porque sí. En el caso del adulterio, nosotros mismos podemos comprobar que ese es un estilo de vida que daña las relaciones, mina la confianza y resquebraja la seguridad. La Biblia lo dice, es cierto. Pero por una razón válida y entendible.

Los tiranos son los que dicen las cosas porque sí.

Dios no es tirano.


Ahora bien, esos jovencitos querían saber porqué la Biblia decía que lo mejor para el ser humano era llegar virgen al matrimonio. Para ser honesto, no tenía otra respuesta en mi mente diferente a “porque la Biblia lo dice”, así que les pedí que me dieran un tiempo para explorarlo. Fui así como un día me encontré con una fascinante historia que había leído varias veces, pero que nunca había analizado desde el punto de vista de la importancia de la primera relación sexual.

Esa historia se encuentra en Génesis 24.

Allí encontramos una verdadera historia de amor. Entrar en todos los detalles nos desviaría del propósito del escrito. No obstante, vale recalcar que es una historia que nos deja ver algunos asuntos propios de la cultura del Medio Oriente Antiguo:

1. Los padres eran responsables de buscar una esposa para su hijo. En el caso de Abraham, él decidió enviar un criado para que fuera en esa búsqueda. Esta era una tarea de suma importancia, ya que significaba guardar el honor de su amo. Un hombre era un hombre completo cuando podía cuidar y amar a una mujer. Lo que se manifestaba explícitamente al contraer matrimonio.

2. Por lo general, se esperaba que la esposa fuera hija de un pariente próximo con algún grado de consanguinidad. La idea era preservar la pureza familiar.

3. La mujer, a diferencia del hombre, no buscaba; era buscada. Debía esperar hasta que llegara la nueva de un hombre que quería casarse con ella.

4. Su ceremonia matrimonial era radicalmente opuesta a la nuestra[1]. Y es en este punto donde aprendí algo sobre la perspectiva bíblica de la virginidad.


El versículo 67 de este capítulo de la Biblia dice literalmente así:

Entonces Isaac la trajo (a Rebeca) a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca y ella fue su esposa, y la amó[2].


No tienes que ser un genio para saber lo que ocurrió dentro de esa carpa.

Evidentemente, el autor nos está hablando de la unión sexual entre estas dos personas. Según el texto, fue esa unión sexual lo que los hizo esposos. En otras palabras, la primera relación sexual fue su ceremonia de matrimonio. Y esto tiene todo el sentido si pensamos que el ser “una sola carne” es, precisamente, una referencia a la consumación del matrimonio: la relación sexual.

Para nuestra cultura, los rituales matrimoniales son distintos. Sin embargo, el principio que nos demuestra este texto es claro: la relación sexual es un matrimonio.

Tener un encuentro íntimo es casarse.

Según esta idea, uno no pierde la virginidad antes de casarse. Perder la virginidad es casarse. Obviamente, es una idea radical para nuestra cultura sexópata. Pero no por eso deja de ser cierta. Nadie puede negar que una relación sexual fue, es y será el encuentro más íntimo de cualquier ser humano. Es la unión de dos almas de la manera más profunda posible.

Así pues, siempre es posible casarse antes del matrimonio.

Por eso, la pregunta que surge ante un encuentro íntimo pre-marital va más allá de si es bueno o malo. Ya sabemos la respuesta. Las preguntas son más contundentes:

¿Esta es la persona con la que estoy dispuesto a compartir toda mi vida?

¿Es con ella (o él) que quiero vivir “hasta que la muerte nos separe”?

¿Es la persona con la que deseo casarme o sólo con la que quiero acostarme?

Según la Biblia, no puedes desligar una cosa de la otra: si estás dispuesto a acostarte es porque ya te casaste. O, visto desde otro lado: sólo hasta que te casaste tienes el derecho a acostarte.

Son dos realidades que no se pueden separar. Las dos caras de la misma moneda.

Conozco a personas que se han casado antes del matrimonio. La esperanza es que Dios siempre da segundas oportunidades.

Pero también conozco personas que me inspiran, me retan y me demuestran que vale la pena esperar.


Porque ellos están dispuestos a casarse solo hasta su matrimonio.



[1] Para hacerse una idea más detallada de cómo se celebraba el ritual (sobretodo en la actualidad), recomiendo la lectura del capítulo “Debajo del Chuppah” del libro “Sexo. Dios” de Rob Bell.

[2] Sé que el versículo continúa. Sin embargo, lo que se dice ahí es algo que todavía me causa curiosidad y no he podido responder. Además, desviaría el tema. ¿Qué significa que Isaac se consoló de la muerte de su madre?