viernes, 8 de septiembre de 2017

LA VISITA PAPAL Y LA IDOLATRÍA




Independientemente de la creencia religiosa o el trasfondo del que provenimos, innegablemente la visita del papa Francisco a Colombia ha sido el evento mediático más importante de la semana en nuestro país. No puede uno ignorar todas las otras realidades, dificultades, temores y desastres que se están experimentando en otras latitudes, pero en nuestro país la visita del hombre de mayor importancia en la Iglesia Católica atrajo todas las miradas y también las discusiones.
En mis redes sociales, constantemente me encontré con hermanos y hermanas que hacían referencia al uso de las imágenes, al hecho de que el papa no es ningún vicario de Cristo ni ningún santo, otros se quejaban de la cantidad de dinero que se utilizó para este evento. Pero una que llamó poderosamente mi atención fue una fotografía de la Biblia donde estaba señalada la prohibición contra la idolatría en Éxodo; en el pie de página decía algo como: “ojalá los católicos leyeran esta parte de la Biblia y se dieran cuenta de su idolatría”.
Y creo que eso es un gran error.
Cuando Jesús estuvo entre nosotros enseñó que existe una alta posibilidad de equivocarnos en nuestros juicios frente a la realidad de los demás, porque podemos estar involucrados en situaciones que se convierten en una especie de viga que nos impide ayudar al otro a sacar la paja que hay en su ojo.¿Te imaginas que alguien quiera ayudarte a sacar mugre del ojo mientras tiene una tabla en su cara? ¿Te podría ayudar? ¿Confiarías en alguien que tenga esta clase de situación para que intervenga una parte de tu cuerpo tan sensible y delicada? ¿No es cierto que te haría más mal que bien? El Señor definió a estas personas como hipócritas, y se caracterizan porque lastiman a los otros en lugar de ayudarlas.
Tenemos la tendencia a pensar que la idolatría tiene que ver más con la madera que con el corazón, más con la orfebrería que con las decisiones. Por supuesto, ha habido y hay personas que se postran delante de elementos tallados por manos humanos. Esa es una forma de idolatría. Pero la idolatría más sutil es la que no se ve a simple vista, cuando le damos lugar a otras cosas o seres distintos a Dios para que le den significado a nuestra existencia. Si nuestra identidad y sentido nos lo dan otras cosas que no son Dios, estamos más cerca de la idolatría de lo que todos creemos.
Y entonces pensamos en la familia…
Y en el éxito profesional…
Y en la salud…
Y en cumplir nuestros sueños…
Si somos honestos con nosotros mismos, la idolatría está más cerca de lo que estaríamos dispuestos a reconocer en primera instancia.
Porque nuestro corazón es una fábrica de ídolos.
¿Qué tal si hemos hecho del cristianismo nuestro ídolo? Mi impresión es que varios tienen la tendencia a pensar que lo que salva es el cristianismo. Si estás en él, no eres idólatra; si no, mereces la muerte. Somos hipócritas que juzgan a otras personas por la religión que tienen para que tengan una religión distinta. Es una forma de idolatría sutil que se ha metido en nuestras declaraciones, que hacen creer que los idólatras son ellos. El problema de los hipócritas de la época de Jesús, los fariseos, es que siempre pensaban que el problema lo tenían los demás, no ellos. El verdadero camino de la devoción honesta siempre comenzará en un nosotros. Y cuando comenzamos ahí, tendremos compasión y humildad.
El Camino, La Verdad y La Vida es una persona, no un sistema de creencias…llámese como se llame.


©MiguelPulido

miércoles, 30 de agosto de 2017

ESA FOTO EN BLANCO Y NEGRO...



Nunca había entendido las ecografías. No sé si por ignorancia, por desinterés o por una combinación de ambas, pero lo único que atinaba a ver era una serie de bultos aleatorios y sin sentido en una especie de sonar médico que proveía ciertas imágenes que sólo los profesionales podían comprender. Para mí no era claro porqué los papás se emocionaban o decían cosas como “¡qué belleza!”. ¿Cuál belleza? —pensaba yo—, ¡eso no la entiende nadie!
Y entonces, me tocó a mí.
Tengo el próximo turno en la fila de paternidad.
Antes de ver su rostro o sus facciones, cuando apenas su cuerpito está empezando a producir sus extremidades, ya está ahí, como un testimonio constante del poder divino, un corazoncito que le da vida, fuerza e impulso a ese precioso ser que está siendo tejido por Dios. Escuchar ese latido me emocionó. En ese punto tampoco entendí nada de lo que vi, pero cuando amplificaron el sonido de su pequeño mundo, lloré. Las lágrimas también son una forma de adoración. Mientras escuchaba a mi hijo en el vientre de mi esposa solamente pensaba: “Dios, no merezco tanta bondad”. Su ritmo trepidante, constante y furioso se convirtió en un recordatorio de la gracia de Dios con nosotros.
Sin embargo, hasta ese punto su cuerpo era demasiado pequeño como para tener facciones definidas. Esa primera ecografía fue para escuchar su corazón, observar su entorno, tomarle medidas y determinar que todo iba a por buen camino. Un mes después tendríamos que volver para una segunda experiencia de este tipo.
La verdad, suponía que en 4 semanas no habría grandes cambios con relación a lo que habíamos visto. ¡Qué equivocado estaba! Si una persona necesita una prueba de que la vida es un milagro, lo invito a que espere la diferencia entre una ecografía de la 8ª y la 12ª semana de gestación. La formación de ese ser está más allá de las explicaciones racionales y científicas, porque estamos frente a realidades que trascienden nuestro control o predicciones. Podemos cuidar a una persona, alimentarnos adecuadamente, hacer lo que nos corresponde, pero nada de lo que vemos en ese monitor lo pudimos realizar nosotros.
Ahora los rasgos estaban precisamente definidos. Tan pronto como el doctor pasó el ecógrafo por el vientre de mi esposa, pude ver esa foto en blanco y negro…tan simple y tan compleja, tan evidente y tan misteriosa, tan frágil y tan fuerte, tan terrenal y tan divina. Cuando la vi, entendí la emoción que antes me era desconocida. Al ver el rostro de mi hijo por primera vez, algo me dijo que la vida como la conocí hasta ese punto había terminado.
Esa foto en blanco y negro fue el comienzo de un nuevo capítulo.
Hasta ese momento, yo afirmaba con toda convicción que una tenía que conocer a alguien para amarlo. Pero ahora me doy cuenta que no es así. Yo ya amo a mi hijo. No lo he visto cara a cara, no nos hemos estrechado la mano, no nos hemos abrazado por primera vez, no he besado sus mejillas, no he visto sus ojitos, pero ya está en mi corazón. No hemos tenido ninguna discusión, no lo he tenido que disciplinar, ni siquiera ha llegado a casa o mucho menos ha llegado el día en que se irá del hogar para hacer su propio camino, pero el latido de su corazón ya alteró el mío para siempre. Lo amo por quien es más que por lo que pueda o no hacer. Es mi hijo, y nada de lo que pase en su historia va a cambiar eso.
Ahora entiendo por qué dicen que uno entiende más el amor de Dios cuando es padre.
¡Y eso que apenas te estamos esperando, hijo!

©MiguelPulido


jueves, 3 de agosto de 2017

¿QUÉ HACEMOS CON ROMANOS 13 Y NICOLÁS MADURO?



Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.  Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido. Los que así proceden recibirán castigo.  Porque los gobernantes no están para infundir terror a los que hacen lo bueno, sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres librarte del miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero, si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor.
(Romanos 13:1-3)
Quien escribe estas líneas es el apóstol Pablo. Con mucha frecuencia se citan según la conveniencia y el gusto personal. Normalmente las escucho de labios de personas que están de acuerdo con el gobierno de turno, mientras que los detractores las evaden sutilmente y tocan otros textos bíblicos. El problema es que las palabras están ahí, más allá de nuestros caprichos momentáneos, para referirse a todos los gobiernos, de derecha o de izquierda…incluso cuando el presidente es Nicolás Maduro.
¿Qué hacemos con eso?
¿Cómo entender este texto en medio de una vorágine política, social, económica y humanitaria como la que atraviesa la querida Venezuela?
Cada palabra debe ser vista dentro del marco amplio que le otorga la realidad. El apóstol escribe estas palabras cuando el Imperio Romano en la figura del César era quien estaba al mando de la mayor parte del mundo conocido. Era un emperador que llegaba al poder sin mediar elecciones ni ningún tipo de democracia, con tales ínfulas de grandeza que desde Augusto se concebía a sí mismo como dios en la tierra. El término “señor” era exclusivo para él. Ninguna rodilla en el mundo podía negarse a doblegarse ante su nombre o, de lo contrario, probaría la muerte.
Pablo fue uno de los líderes de un movimiento contracultural conocido como cristianismo. Él, como maestro, enseñó a todas las congregaciones y dejó escrito en sus cartas que Jesús, no el César, era el Señor. No se nos debe hacer extraño que una gran parte de su ministerio lo ejerció desde la cárcel y, eventualmente, fue decapitado por los romanos.
Sus prácticas eran abiertamente rebeldes.
César ordenaba que sólo se le adorara a él, pero Pablo se negó a ello.
A la luz de la experiencia de este hombre debemos hacernos una pregunta sumamente importante: ¿por qué escribe estas palabras? ¿Cómo es que nos dice que nos sometamos a las autoridades en la misma carta donde da una declaración tan revolucionaria como que Cristo es el Señor? ¿Será que este cuadro más amplio nos provee una forma adicional para entenderlo? Creo que sí.
El concepto clave es soberanía. Cuando hablamos de esa palabra para referirnos a Dios podemos confundirnos respecto a su valor. Comúnmente usamos la frase “Dios es soberano” al enfrentarnos con resignación a situaciones que están fuera de nuestro control, con la idea que Dios tiene el guion de la historia, lo escribió, y nosotros sencillamente tenemos que aprendernos a rendirnos a ello. Si bien es cierto que esta concepción tiene un grado de verdad, me parece que nos impide ver la soberanía desde un punto de vista que nos ayuda a comprender mejor esta enseñanza.
La soberanía significa que Dios es el poder absoluto. Por encima de él no hay nadie. El trono del Universo ya está ocupado y en ese lugar nunca ha estado ni estará ningún ser humano. Ni César, ni Trump, ni Putin, ni Santos, ni Maduro. Por más poder que pueda tener algún presidente, siempre será un poder relativo. Él no es Dios. Su autoridad se mide en tanto que hace las cosas bien, según los parámetros divinos. Un gobernante está en su lugar para hacer lo bueno, es un servidor que está bajo autoridad para rendir cuentas delante del verdadero Rey.
Así que, si un gobernador no hace el bien y pervierte la bondad, ¿es autoridad?
Creo que por esa razón es que Pablo escribió estas palabras pero también fue perseguido por el Imperio Romano. Respetó la autoridad y se sometió a ella, al mismo tiempo que entendía que hay Alguien soberano que está por encima de todos los poderes. Por eso cuando las autoridades le invitaron a negar al Soberano, se negó. Hasta las últimas consecuencias. Porque César podía ser la autoridad pública, pero no era el Señor de la historia, el único que es verdaderamente digno de que las rodillas se doblen ante él.
La resistencia frente a una autoridad malvada es una vocación divina.
La rebelión frente al mal es sometimiento al bien.
Así se honra porque les recordamos que son humanos, no dioses.
Esa es una forma amorosa de actuar.
Levantar la voz frente a un gobierno corrupto, que pisotea a los necesitados y que acomoda la ley a su antojo es un ejercicio de santidad. Cuando se quiere rescatar la humanidad perdida, estamos uniendo nuestro clamor al incesante recordatorio de que fuimos creados para algo más. Estamos evocando el hecho de que el Dios de todo no es el dictador de turno.
¡Que el Soberano del Universo bendiga la valiente resistencia de un pueblo que anhela ver un gobierno que es fiel a lo que Dios ha instituido!
¡Que Venezuela pueda gozar de una autoridad que hace el bien!


©MiguelPulido